Quiero compartir con vosotros una información extraida de una jornada interesante a la que he asistido hoy que se denominaba “Medidas de apoyo en tiempos de crisis. Impuestos y subvenciones”.
El esfuerzo que tiene que hacer un emprendedor para lanzar su negocio y darle alas para volar; a veces, se ve recompensado por las administraciones en modo de ayudas y subvenciones. Pero como para todo, la información es poder y debemos estar preparados porque no toda subvención es válida para nuestro proyecto y no podemos acceder a ella de cualquier modo. En este sentido, debemos asesorarnos para saber buscar la ayuda adecuada y prepararnos de cara a la obtención de la misma. Os dejo a continuación enlaces de páginas y buscadores de ayudas que nos puede facilitar mucho este trabajo:
http://www.ayudas.net
http://www.infoayudas.com
http://www.emprendedores.es
http://www.buscaboe.dabne.net
http://www.ico.es
http://subvencionespyme.cea.es/
Quiero compartir con vosotros una anécdota que recuerdo siempre en mis clases de comunicación web para hacer reflexionar a los alumnos sobre la importancia de cuidar la forma en que escribimos. Es fundamental revisar nuestros textos, bien los que redactamos para el contenido de una web, de un dossier, de un email, etc.; porque de esa revisión dependerá la imagen que ofrezcamos al destinatario de nuestro mensaje. Ya sabemos que “todo comunica” y en este sentido, no cuidar la estructura gramatical de una frase y el uso adecuado de las comas puede crear confusión en el significado de lo que queremos transmitir.
En este sentido, os cuento la anécdota:
El escritor José Antonio MillánEl escritor cuenta que el título de su libro (Perdón, imposible) fue inspirado por una anécdota atribuida a Carlos V, a quien en una ocasión le pasaron para firmar una sentencia que decía: “Perdón imposible, que cumpla su condena”. El emperador se sintió magnánimo y antes de firmarla cambió la coma de sitio y también la suerte del condenado: “Perdón, imposible que cumpla su condena”.
“Esto demuestra que una coma puede cambiar la historia”, concluye Millán.
Creo que es un buen ejemplo, de que somos dueños y esclavos de nuestras palabras pero no sólo cuando hablamos sino cuando escribimos también.